4. ¿Cómo se relaciona la cultura organizacional a la globalización?
El Estado debe garantizar condiciones para que las empresas puedan competir tanto a nivel nacionales e internacional. Las organizaciones deben prepararse para ser competitivas y así ser relevantes en el mercado por un tiempo.
Ya las empresas no se pueden dar el lujo de fabricar productos simplemente por fabricar, es el mercado que le aceptará o no la oferta presentada. Entonces, la empresa tiene que indagar qué es lo que el mercado necesita, para recién empezar a producir aquello que precisa. Esa indagación la realiza al cliente, al consumidor, al usuario, al ciudadano que forma parte de un segmento de la población. Este cliente se ha convertido en el centro de atención en los negocios. Ya no lo es el producto. Bajo este criterio, se inserta el concepto de competencias para laborar en la empresa de acuerdo a la necesidad de mano de obra calificada que se tenga en la misma.
Hoy la cultura organizacional está mudando sus prioridades, dando paso a la competitividad para elaborar productos o brindar servicios de calidad que satisfagan a ese cliente ‘voraz’ que tiene capacidad de pago y que cada vez más, aprovechando esa condición de “rey” que le ha otorgado la economía de libre competencia, exige mayores beneficios al menor precio posible.
Esta es considerada como una ventaja competitiva inusual por la cual la firma puede ser percibida de manera totalmente diferente respecto a sus competidores y consecuentemente generando cierto tipo de diferenciación (Hill, 1988) frente a sus clientes, incluso con una particular especificidad (Reed and DeFillipi, 1990). Es decir, una cultura organizacional vista como un recurso valorable, raro e imperfectamente imitable puede convertirse en una fuente especial de ventajas competitivas sostenidas (Barney, 1991).

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